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Mingui-Tau, "El Airado"

Sagrario Ramírez Martínez.

Kavkaz. Cáucaso. Montañas míticas. Monte Elbrus, donde el titán Prometeo sufre tortura eterna por llevar el fuego de la inteligencia a los humanos, enfadando así a unos dioses idiotas. Mundo de frontera y encuentros - o encontronazos- de culturas. Locura tectónica que se alza hasta el volcán de dos cabezas y puente entre Europa y Asia.

15 de abril de 2011
El avión inicia el descenso hacia Mineralye Vody, llanura de campos inmensos roturados, colinas negras y un cielo plomizo. Vamos escoltados por una bonita tonelada de peso en forma de cinco "cerdos" a reventar y un atado de diez esquíes.
Nos recibe Anatoly Moshnikov, sonriente y encantador, se parece a un Voltaire con rasgos afilados. Todo está programado: furgoneta por el valle de Baksan hasta Treskol, hotelito, aclimatación, Barrels, las Pastukova esas, la cima, fotos, esquiada gozosa y vodka disfrutón "Nasdarovye! ¿Sí? ¡Pues no!"
A la entrada de un desfiladero un control de militares y policías da el alto. Los forasteros nos convertimos en convidados de piedra, no entendemos nada. Es un trasiego de documentos y palabras indescifrables. El policía al mando tiene cara de póker y de pocos amigos, el militar-jefe parece más amable - un consuelo- pero nada más. Los turistas no podemos seguir adelante ¿por qué? Vaguedades, problemas, huelgas... Vemos bajar un cortejo de boda de lugareños "alegrísimos", hay pescadores junto al río, coches arriba y abajo, normalidad aparente, pero no pasamos. Y nos quedaremos con las ganas de saber por qué nos chafaron la tarde y, en parte, el viaje.
Admira el temple de Anatoly en la situación kafkiana de atardecer frío y húmedo. No pierde los estribos. Veo su perfil volteriano, media sonrisa irónica, razonando con el "madero", pasa horas al teléfono intentando desfacer el entuerto ¿pasaremos? ¡Niet! Toca volverse y rehacer todo el plan.

Эльбрус Приэльбрусье Кавказ Высшая точка Европы
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Dormimos en Pyatigorsk, al otro día paseamos por las colinas cercanas para estirar las piernas, mientras él pone en marcha el plan B: entrar al Elbrus por la cara N. Se incorpora al grupo otro guía de apoyo, Leo Gubenco: pequeño, fuerte, de ojos tristes azules y muchas vidas en tierra extraña. Habla un español argentinizado y nos dará un buen susto. Ya verán.
18 de abril
A las 5 A.m. salimos hacia Kabardino-Balkaria con parada en Kislovodosk para ultimar detalles del transporte; nos repartimos entre una furgo rusa y un todoterreno japonés donde iremos las chicas por más comodidad: la cortesía rusa de la que hablan las guías es cierta. Y se agradecerá cuando el asfalto dé paso a una pista brincadora. Pero de poco sirve la comodidad nipona cuando el conductor .galopa. en el trasto cual cosaco en caballo desbocado. Cruzamos páramos inmensos a más de 2500 m. de altura, todo está escarchado, la cordillera se va revelando entre nubes, resplandeciente, preciosa. Aparece nuestro sueño de meses y entrenamiento ¡Magnífico Elbrus!
Brilla con sus más de mil metros sobre las cimas del entorno, pero la pista infame, reventada por las obras de una presunta carretera para un futuro complejo de esquí en la zona nos baja a la realidad de golpe: nuestro .As. de Camel Trophy eslavo ha roto el radiador en uno de tantos brincos. Toca hacer kilómetros de barro y nieve guarra con zapatillitas de deporte hasta alcanzar la furgo rusa, feota y cuadrada, pero entera, donde nuestros sonrientes compañeros nos han esperado echando una siestecita. Las voladuras impiden continuar. Empieza la marcha con toda la impedimenta en la chepa. Desde el fondo de un valle profundo vamos hacia los refugios del Calvero de Emmanuel, desde donde se alcanzó la cima de menor altura de las dos que tiene el Elbrus, el 10 de julio de 1829 por Jillar Jachirov, un guía karachái en una expedición científica del Ejército Imperial Ruso liderada por el General Emmanuel, que ha dado nombre al lugar [Foto 6]
¡Qué cosas! Al ritmo de los esquíes y entre estas alturas negras y retorcidas, no se me va de la cabeza la entrada de la sinfonía Voyvoda de Tchaikovsky, si las notas fueran rocas volcánicas serían como las que alcanzan mis pies cansados ¿Será la altura? Creo que debo .hacérmelo mirar.. La sopa caliente y el cariño con que nos tratan Leo y Anatoly compensan las cinco horas de pasos y pesos ¡Esto no tiene nada que ver con lo que se cuenta de la subida por el Sur!

19 de abril
Subimos hasta el Campo 1 a 3800 m. Día nublado, ventoso, que derivará en casi huracanado. El recorrido transcurre por una primera loma, un vallejo protegido, llanos, fuerte repecho, desierto negro, selenita, nuevos repechos empinados y palas de nieve venteada. Para colmo he perdido una cuchilla en algún momento de la subida, lo que me ha hecho pasar malos ratos al cruzar placas de nieve helada. Acabamos arrastrándonos entre la ventisca helada, sin esquíes, para poder afianzarnos en las rocas que alcanzan el gran plató del Campo 1. Leo subía andando y muy cargado, lo hemos ido viendo cada vez más y más alejado, hasta perderlo de vista. Cuando lleguemos a los dos contenedores metálicos apenas hay luz. Estamos helados y algunos, yo misma, al límite de las fuerzas. Maytane, 15 años, se ha portado como una jabata, pero ha sido una dura experiencia. La chica tiene madera; si quiere seguir en esta locura imprescindible que es subir montañas, lo hará bien. Son momentos para valorar a los compañeros ¡Qué buena gente! Sólo el aterido sabe del valor de un té caliente, la ayuda para liberar los pies de las botas heladas, el revivir dentro del saco. El cansancio ayuda a dormir, fuera ruge la ventisca. y Leo sin llegar.

20 de abril
Pensábamos que habría alcanzado otro abrigo a unos 200 m. del refugio. Pero es de día y no aparece. Día nublado, de calma chicha siniestra. Anatoly sale en su busca, pronto vuelve y todos, menos Maytane, salimos a mirar la zona. Han encontrado su macuto y los esquíes. Ni rastro de él. Las posibles huellas las barrió la ventisca. Vivimos una tensión contenida. Imagino lo que pasa por la cabeza de Anatoly y no le envidio. Decide bajar al valle y mantenerse en contacto con Iñaki por la emisora. Mantenemos la sangre fría, pero la preocupación nos congela el gesto.
¡Cuando a eso de las 12 con todo listo para bajar vemos aparecer a nuestro buen Leo por las crestas que cierran el plató! Alivio general. No hay palabras para expresarlo. Sólo abrazos y gritos de alegría. Ya pueden venir tormentas que al menos estamos todos juntos.
El muy .mula. de Leo, al ver que materialmente no llegaba al refugio ni arrastrándose, decidió soltar lastre y bajarse al Calvero. Allí se medio secó, casi durmió, y con las claras del día se fue otra vez para arriba ¡Qué genética! Lo que hace ser montañés y del Cáucaso. Y las tormentas vinieron.

21 de abril
¡Todos juntitos en amor y compaña y sin poder asomar la nariz fuera! Tiempo horrible. Pasar de un contenedor a otro es una odisea, coger nieve para hacer agua un suplicio, palear la puerta bloqueada un sinvivir, cumplir las necesidades fisiológicas. en fin ¡Qué bonita es la montaña! Temple y sangre fría, no queda otra. Y aguantar siete personas en un espacio mínimo, a lo Hermanos Marx en su camarote: hidratarse, abrigarse, forzarse a comer y cruzar los dedos para, al menos, tener buenas condiciones en la bajada. Pero no estamos mal, hay buena voluntad y ánimo. Fuera siguen aullando los Cuarenta Rugientes, el Bóreas, el Céfiro, el Austro, el Ábrego, el Harmathán. y la madre que parió a todos ellos.

22 de abril
¡Calma! Día despejado. El monte brilla con recochineo helado, muestra el colmillo retorcido y lobuno de quien ya se ha divertido bastante a nuestra costa. .¿Queríais subirme? ¡Pardillos! Eso será si yo quiero. Y menudo genio se ha gastado el maldito en los pocos días que teníamos para ascender. Pero no se le puede maldecir, porque Mingui-Tau es como un dios, una especie de abuelo montuno al que se debe ofrecer carne asada y vino antes de iniciar la subida, si se quiere tenerlo de su parte. No hubiera estado mal, mejor que el mediocre desayuno de Kislovodosk.
Y bajamos. Unos mejor que otros, pero sin problemas. La esquiada vale la pena, es bonita y compensa de las fatigas de subir ¿El resto? Vuelta al valle, a la buena carga en las costillas. Por una senda espectacular entre empinados puertos de hierba alcanzaremos la fatídica pista. Pareciera que ya todo estaba hecho, que sólo quedaba volver a Pyatigorsk, ponernos guapos y salir a cenar ¿Sí? ¡Pues NIET! El Lada infame de tres chavalotes currantes de la carretera que habían pasado una gran juerga quedó bloqueado en el barro. Y nos bloqueo a nosotros más de cuatro horas. Hubo que arrimar el hombro para salir. Como en una pesadilla.
La vuelta eterna, sucios, mojados, hambrientos ¡Ni un mal chupito de vodka para entonar! La entrada en el elegante hotel Intourist fue épica: seis tipos malolientes soltando barro por pulidos suelos y arrastrando fierros y tablas de cualquier manera ¡Ni Shackleton a su vuelta de Isla Elefante tuvo tan poco glamour!
Pero todo ha valido la pena ¿qué importa la cima no alcanzada? Nada, allí sigue y volveré a buscarla. Ha sido un gran viaje, lleno de buena gente y mejores charlas. Hemos conocido rincones espectaculares. Unas preciosas montañas. Un gran país. ¡Salud!

Viaje realizado entre los días 16 y 25 de abril de 2011 por Iñaki Irastorza ( Guía de Montaña), su hija Maytane, la pareja encantadora de Antonio y Esther y la culpable de estas líneas, Sagrario Ramírez.
¡Hasta siempre!




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